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miércoles, 13 de julio de 2011

FIDEL PINTOS

VOLVÍ A VER "EL HERMOSO BRUMEL" (filmada en 1951), aquí va un artículo como recuerdo de el gran FIDEL PINTOS

CULTURA Porteñazo típico, elegante, humorista y tanguero

 
  
TELEVISIÓN. Fidel Pintos, Olmedo, Gardel —desde el cuadro— Portales y Porcel. ¡Qué delantera! La escena corresponde al programa La Peluquería de Don Mateo.
Pionero de la sanata a través de la comedia picaresca, donde demostró su gran talento humorístico, tanto en el cine como en el teatro de revistas y la televisión, Fidel Pintos tuvo, además, cercana relación con el tango.

Hugo Gregorutti

Según diccionarios del lunfardo, la sanata —argot de Buenos Aires— es una “forma de hablar confusa, incomprensible, en la que se expone un argumento sin sentido ni ideas claras”. El pintoresco, simpático, pulcro comediante que estamos evocando, coincidente con un nuevo aniversario de su fallecimiento, personificaba al típico porteño entrador y embrollador. Fue una de las grandes figuras de la escena, ganador de un Martín Fierro y acaparador de audiencias, en tiempos de programas cómicos y revisteriles para elegir. El de la nariz prominente perteneció a una pléyade de actores que agudizaban el ingenio y la improvisación, sin golpes bajos, atributos que en estos tiempos brillan por su ausencia. Además era un tanguero nato, que participó en películas afines al género y compuso letra y música (“de oreja” según reconocía) de temas grabados por intérpretes de primera línea. ¿Cómo no recordar entonces a aquel genio fundador de la oratoria nacional, a aquel de quien la clase dirigente aprendió cómo hablar horas sin decir nada, pero dando la apariencia de estar hablando de algo capital?
DEL BAJO. Fidel Pintos (nombre real y completo) nació el 28 de agosto de 1905 en el Bajo Belgrano y falleció el 11 de mayo de 1974 en forma sorpresiva. Tenía seis hermanos y, como es frecuente en los amantes del fútbol, dividía su corazón entre el club de su barrio, el sufrido Defensores de Belgrano (del cual llegó a ser padrino), y un equipo de la Primera División, en su caso el poderoso River Plate, que en la década del '30 inauguraba su estadio en las inmediaciones. ¿Señas particulares? Una narizota llamativa, de la que él mismo luego sabría reírse con elegancia.
A los 14 años trabajó como cadete del Banco Holandés y ya tenía vocación por el teatro. Luego entró en el Correo Argentino, hasta que en 1933 perdió su empleo junto con otros miles, merced a un eufemismo siempre latente: "racionalización del personal". Los cesantes eran miles y miles; la miseria y el hambre hacían estragos en los argentinos. Era la Década Infame. Fidel quedó en la calle, pero paradójicamente, perder el trabajo lo empujó en el camino de la actuación. Integraba el grupo teatral Churrinche, del actor Domingo Sapelli y, para ganarse unos pesos, animaba bailes y presentaba orquestas de tango. Salía del paso con las primeras palabras que le venían a la mente. Los que no prestaban atención a los términos del locutor no notaban nada raro, porque el tono era serio, formal, adecuado. Nacía el sanatero. En uno de esos shows, en 1938, faltó el recitador oficial y Fidel lo reemplazó hablando de malvones, glicinas, ladrillos, tango y de cosas que nadie entendió, pero que causaron mucha gracia. Los parroquianos se veían tan divertidos que llamaron la atención del cantinero, quien ofreció pagarle al ya treintañero Pintos el doble de lo que cobraba el presentador titular.
A LA ESCENA. En los años '40, Fidel llegó al teatro de revistas, con la suerte de vivir su era dorada, que llegó hasta mediados de los '70. Actuó en las principales salas: Maipo, Casino, Comedia, El Nacional; en cabarets como Marabú y Tabarís y hasta en el famoso colmao El Tronío. Luego comenzó a presentarse en Radio Callao, dando vida a Mesié Canesú, su primer gran éxito: un modisto afrancesado, chanta, de léxico rebuscado y cursi, con tendencia a dar consejos absurdos. Canesú pasó a Radio Spléndid, se emitió durante ocho años y cesó el día en que falleció su libretista, Manuel A. Meaños. Se recuerdan las palabras de despedida del modisto a sus imposibles admiradoras: “…besitos, besitos a todas ¡leonas mías!”.
En 1948 filmó su primera película: Novio, marido y amante, con Enrique Serrano. Sus dos primeros papeles protagónicos llegarían en 1951, con La vida color de rosa y El hermoso Brummel. A través de la comedia picaresca, de la que fue un pionero, supo demostrar su gran talento humorístico, tanto en el cine como en el teatro de revistas. Compartió carteles con las vedettes del momento, como: Susana Giménez, Moria Casán, Ethel Rojo, Nélida Lobato, Nélida Roca, Zulma Faiad e Isabel Sarli; y con otros grandes actores del género: Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Pepe Arias, Alfredo Barbieri, Don Pelele, José Marrone, Dringue Farías y Adolfo Stray.
LLEGA A LA TV. Con el arribo de la televisión y su penetración masiva, llegaría la mejor época de Fidel, del brazo de los hermanos Gerardo y Hugo Sofovich. Intervino en programas de gran repercusión, como El profesor Fidelius, un adivino cuya bola mágica era capaz de cualquier disparate. Su incondicional ayudante era el Hermano Pequeninus (Eddie Pequenino), un remoto precedente del Manosanta de Olmedo. Impactó luego con Operación Ja-Já en sus dos sketches principales: La Peluquería de Don Mateo y Polémica en el bar, junto a Porcel, Javier Portales, Vicente La Russa, Mario Sánchez, Adolfo García Grau y Juan Carlos Altavista (Minguito Tinguitella). Tal fue el éxito de Don Mateo y Polémica, que han reciclado de todas las maneras posibles durante 40 años.
AUTOR Y CINE. Fidel Pintos también reveló ser un buen compositor musical y letrista. Lo atestiguan sus valses Náufrago, grabado por Mercedes Simone y por Alberto Marino; Te vi partir, por Hugo del Carril; Andáte, cantado por Horacio Guarany; los tangos Parodia y Una copa más y el bolero Evocación tropical. Otra consecuencia del éxito televisivo fue un reverdecimiento de los laureles de Fidel como actor de cine. De esta época son la mayoría de las 69 películas que filmó, varias de contenidos afines con el tango, como: Un tropezón cualquiera da en la vida (de Manuel Romero, con Alberto Castillo y Virginia Luque); Alma de bohemio (de Julio Saraceni, con Castillo y Diana Maggi), ambas estrenadas en 1949, y El bulín (con Norman Brisky, Porcel y Diana Maggi).  
FINAL. Fidel Pintos ganó en 1970 el Premio Martín Fierro a la mejor actuación humorística en TV. En los años posteriores seguía en Operación Ja Ja, en el teatro de revistas, en el cine, en la radio (por Splendid hacía “Discosanatas en alta Fidel... idad y Pintos... fonía”, con libros de Víctor Harriague) y disfrutaba de la compañía de su esposa María Claudina, de sus hijos y de sus nietas. En 1974 había estrenado dos películas (Los vampiros  e Intimidades de una cualquiera, de la dupla Isabel Sarli-Armando Bó) y estaba en plena actividad cuando lo sorprendió la muerte, el 11 de mayo. Desde entonces, su cuadro presidió las cada vez más gastadas mesas de Polémica en el bar, y hay quien dice que su sonrisa gardeliana es cada año más sanateada. Le dejó a Olmedo, su protegido, de herencia una quinta y a sus admiradores un buen recuerdo, casi 70 películas y algunos tangos muy bien escritos por este porteño talentoso, seguramente irrepetible.

PARA DESTACAR
* En la buena, Fidel Pintos no se olvidaba de las malas que había pasado. Como una vez dijera, “un actor es un señor que hoy come faisán y mañana se come las plumas”. Se había formado en una escuela dura, y tal vez esa sea la razón de sus cualidades poco menos que de hombre renacentista.
* Lo inventé yo… Se hizo tan popular esta frase de Fidel en Polémica en el bar, que el presidente Perón, en 1973, lo parafraseó en un discurso ante la CGT sobre el tema de las paritarias: "¿Me van a hablar a mí de paritarias?…, lo inventé yo'', dijo el General. Al programa siguiente Pintos, en vez de participar de la mesa común, se sentó solo en un rincón y no le prestaba atención a sus compañeros.
Náufrago
Vals - 1953

Vino en un barco italiano,
un día en que el puerto
lloraba de gris,
con su ambulante acordeón
y con su alma infeliz,
tanto vagar por la vida,
tras una esperanza
tras una ilusión.
Y ancló su vida
en turbias guaridas
del viejo Paseo Colón.
Tenía en Italia
los besos en flor,
de una ragazzina
que le dio su amor.
Y fue por su bien
que echóse a rodar,
y al fin
se sintió naufragar.

Ya nada le importa,
ya todo quedó
en el gris del puerto
que lo recogió.
Dolor de añorar
llorando un amor,
que ya es imposible olvidar.
Ya nada le queda en la vida,
más que su recuerdo
y el viejo acordeón.
Cómo se tarda en morir
cuando el silencio es dolor,
lleva la muerte en el alma
y una canzoneta
guarda en su acordeón,
mientras los ojos
de su ragazzina
se clavan en su corazón.

Letra y música: Luis Rubistein y Fidel Pintos.
Grabado por Mercedes Simone con orquesta (1953)
y Alberto Marino acompañado por guitarras (1954).

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