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viernes, 23 de marzo de 2012

DOCUMENTALES

Parte de la historia documental de Chile, para los gusanos

El cineasta Miguel Herzog, que grabó a prisioneros de dos campos de concentración, entierra la documentación por "falta de interés" institucional

Fotograma de 'Chile 73', rodada en un campo de concentración chileno

A partir de mañana, Chile tendrá que escarbar para recuperar parte de la memoria documental de su historia reciente. El cineasta asturiano Miguel Herberg, que trabajó en el país sudamericano en la época en que Augusto Pinochet perpetró un golpe de estado contra Salvador Allende en 1973, a partir del cual comenzó una dictadura militar que se prolongó hasta 1990, enterrará en el cementerio del Arte y de la Cultura de Morille, en Salamanca, su archivo fílmico, fotográfico y documental recopilado en los campos de concentración de Pisagua y Chacabuco. El particular camposanto, inaugurado en 2005, ya alberga los restos de un Pontiac Grand Prix de Javier Utray o las cenizas del escritor Pierre Klossowski. Además, esta tarde a las 20.30 se ha realizado una quema simbólica de 20.000 carteles y libros escritos por Herberg sobre la dictadura chilena en la plaza de Morille porque, asegura, ninguno de los documentos que atesora “le interesan a nadie”.

Extracto de 'Chile 73', de Miguel Herberg
Ambas acciones han estado precedidas por la proyección de las películas que mañana serán sepultadas en la sala El Gallo de Salamanca, donde se han mostrado al público desde el pasado día 19. La universidad de la ciudad castellana, que también se había comprometido a mostrar el material, ha reculado finalmente, de acuerdo con Herberg. “En el último momento el rector se ha echado atrás por las presiones”, asegura. A pesar de lo dramático del acto de quema y enterramiento, existen copias de las películas y documentos que serán inhumados “custodiadas ante notario, y que solo podrán ser entregadas al pueblo chileno”.
La historia del paso de Herberg por el país latinoamericano y de su labor como documentalista arranca en 1972: “Ese año me infiltré en las filas de la derecha chilena, que estaban preparando el golpe de estado contra Allende”. A través de los contactos que se granjeó, pudo introducirse, una vez Pinochet alcanzó el poder, en dos campos de concentración. “Después del golpe, pude entrevistar a Pinochet, quien me negó que existieran los campos. Como tenía permiso para viajar por el país, fui a Antofagasta, y allí entrevisté al general Lagos, que me dijo: ‘los prisioneros están muy bien, aquí tienen tiempo para pensar que están errados’. Yo le dije que eso lo tenía que filmar para demostrarlo, y me permitió entrar en Chacabuco”.
Una vez dentro, Herberg grabó, según cuenta, a los hombres que estaban encerrados, porque “al identificar los nombres ya nadie podía decir que estaban desaparecidos, que era lo que aducía el Gobierno”. Como Chacabuco era exclusivamente masculino, el cineasta volvió a acudir al general Lagos, a quien solicitó filmar en el campo de concentración femenino de Pisagua, permiso que igualmente le fue concedido. “Luego sacamos los materiales de Chile. Así ya no podían mantener que estaban desaparecidos, y los prisioneros a los que grabé fueron liberados”.
El cineasta Miguel Herberg
Hace “dos o tres años”, Herberg se lanzó a una nueva empresa: rodar un nuevo documental con los exprisioneros, “para que me contaran qué había sido de sus vidas, ya que en los campos no podían contarme nada”. La cinta, apunta, “iba a estar producida por la televisión argentina, pero la televisión de Chile echó atrás el proyecto”.
La quema y el enterramiento simbólicos de estos días llegan, explica Herberg, después de numerosos intentos de donar el material que posee a las autoridades chilenas para su difusión. “Yo ofrecí los documentos a Isabel Allende, porque me parece lógico que estén en Chile, y hubo un desinterés total. También me acerqué al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile, y ocurrió lo mismo”. Como “acto de provocación”, Herberg anunció “hace tres meses” su simbólica protesta. “En Chile se levantó un gran escándalo, pero al final ellos están hablando de mi y de cualquier cosa menos de lo realmente importante, que es la memoria histórica”.
El director del Museo de la Memoria, inaugurado en 2010 para recordar a las víctimas de la dictadura de Pinochet, publicó el pasado día 14 una carta abierta conjunta con el Director de la Cineteca Nacional y el coordinador General de la Cineteca Universidad de Chile en el diario La Tercera, en la que se ponía en duda la autoría de Herberg sobre el material que pretende poner bajo tierra. “Las imágenes corresponden a filmes de los directores alemanes Walter Heynowski y Gerhard Scheumann, cuyo camarógrafo fue Peter Hellmich”, reza la misiva. “Cuando el señor Herberg declara que dicho material es de su autoría y que va a destruirlo está violando los derechos de propiedad intelectual asociado a este valioso registro audiovisual, lo cual nos parece un acto inaceptable”.
El cineasta asturiano, por su parte, responde negando la mayor: “Lo hacen para desviar la atención. Mi autoría queda demostrada en el momento en el que yo aparezco realizando entrevistas en las películas, además de que hubo un juicio en Roma en 1975”. El revuelo, no obstante, no se ha quedado en Chile y ha alcanzado a figuras como el filósofo estadounidense Noam Chomsky, que también ha publicado un carta en la que pide a Herberg que se retracte de sus intenciones. El documento está colgado en la web de la editorial Amargord, que edita los libros del intelectual en castellano, lo mismo que los escritos de Herberg. “Los intelectuales chilenos le han pedido que lo escriba, porque saben de mi relación con Chomsky”, asegura, para después explicar que conoce al pensador estadounidense a través de su común casa de publicación “y por otros motivos que ahora no vienen al caso”.
La documentación obtenida en Chile y que está destinada a acabar bajo el suelo salmantino podrá ser desenterrada, según explica el cineasta, “si el comité del cementerio juzga las condiciones satisfactorias”, esto es, si el pueblo chileno la reclama “a través de la protesta”. Las copias de seguridad, por su parte, “podrán ser entregadas al pueblo chileno una vez desenterrada toda víctima de Franco y Pinochet”.

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