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viernes, 29 de junio de 2012

ARTE / MUESTRAS

Arte / Muestras

Volver al futuro

El Museo Nacional de Bellas Artes dedica una gran exposición al arte cinético, movimiento que reflejó el optimismo tecnológico de su época y logró el apoyo de las instituciones, la crítica y el público
Por Raquel San Martin  | 

 
 
Si toda exposición es una puesta en escena, el montaje de una muestra de arte cinético implica instalar una escenografía y hacer lugar para que el visitante, tal como quisieron los artistas, sea el que complete la obra con su presencia. Subidos a escaleras, tomando medidas, conectando circuitos, alineando esferas y calculando el lugar exacto para la iluminación de un objeto, los montajistas del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) preparaban hace días el escenario que hoy alberga 70 obras del movimiento artístico que propuso experimentar con las percepciones, la luz y el movimiento, usar la tecnología para crear una nueva estética y hacer posible un arte abierto a todos.
La muestra Real/Virtual , que se puede visitar hasta el 19 de agosto, reúne obras del patrimonio del MNBA adquiridas contemporáneamente al nacimiento del cinetismo, de otros museos y de colecciones privadas, que van desde finales de los años 50 hasta principios de los 70. Busca mostrar las particularidades que el arte cinético, iniciado y desarrollado en París, tuvo por esos mismos años en la Argentina, donde fue muy vital.
"En común con el arte cinético de París, también el argentino tuvo la intención de que la gente pudiera ampliar su percepción, que fuera un arte para todos, sin codificación simbólica o metafórica -describe a adn María José Herrera, curadora de la muestra y jefa del área de Investigación del museo-. Pero aquí estuvo ligado con la industria, en un momento de auge del desarrollismo. Los artistas aprovecharon el apoyo económico para usar materiales sin tradición y sin técnica, y experimentar. Aquí, además, retomaron el campo fértil que había dejado el arte concreto, y no hubo un discurso político ni antiinstitucional, como sí ocurrió en París."
Hay al menos tres modos en los que se puede recorrer la muestra, financiada totalmente por la Asociación de Amigos del museo. Uno, el más evidente, es el histórico: la sala, teatralmente iluminada para destacar los juegos de luces y movimientos de la mayoría de las obras, ofrece un panorama exhaustivo del cinetismo, desde las primeras geometrías visuales -Juan Carlos Romero, Polesello, Luis Tomasello- hasta las obras de Julio Le Parc y Horacio García Rossi en París en los años 60, los desarrollos ópticos y cinéticos de Miguel Ángel Vidal, Martha Boto, Eduardo Mac Entyre y Ary Brizzi, el hidrocinetismo de Gyula Kosice, y los acrílicos de Polesello y Gamarra.
 
Construcción a partir de una circunferencia, Ary Brizzi, sin fecha. Foto: GENTILEZA MNBA
Otra lectura invita a mirar el papel que el MNBA tuvo para impulsar y legitimar el desarrollo del arte cinético en el país. Lo hizo en particular a través de dos muestras clave, de las cuales hay obras en esta exposición: la de Victor Vasarely en 1958, a partir de la cual muchos artistas locales conocieron la geometría del artista húngaro-francés y empezaron a experimentar, y La inestabilidad , en 1964, que trajo a Buenos Aires las exploraciones óptico-cinéticas del Groupe de Recherche d'Art Visuel (GRAV), que en París habían fundado, entre otros, Le Parc -que con sus vitales 84 años estuvo en Buenos Aires en la última edición de arteBA, el mes pasado- y García Rossi.
"Fue una de las muestras más visitadas e incorporó un público más popular que el que habitualmente visitaba el museo", comenta Herrera. "Así, el museo estuvo en el inicio del arte cinético pero también en su consagración y legitimación, adquiriendo patrimonio para ponerlo en la visibilidad pública, organizando premios, señalando que ése era el arte moderno que merecía ser mirado", dice. Y agrega: "Ésta es una muestra sobre el cruce de poéticas e instituciones".
Un ejemplo es la instalación Lux 2 (Máquina de metal) , del maestro francés del luminocinetismo Nicolas Schöffer, adquirida por el MNBA en los años 60 gracias a las gestiones de Romero Brest, exhibida brevemente y nunca más mostrada al público hasta ahora.
No estaba solo el museo en esa tarea. Como pocos movimientos artísticos, el cinetismo se integró rápidamente a las instituciones y la crítica, fue celebrado por el público y además fue un arte de su época, vinculado con la industria cultural y el optimismo tecnológico, que se maravillaba con las máquinas y los efectos lumínicos. Como señala Herrera en el catálogo, "su estética estaba ligada a un mundo moderno al que ?todos' querían pertenecer".
 
Ejemplar n° 1 (caja múltiple), Julio Le Parc, 1970. Foto: GENTILEZA MNBA
Un tercer recorrido posible es el que quizá más justicia les haga a los artistas: mirarla en forma lúdica, advirtiendo las trampas de percepción de nuestros ojos, moviendo el cuerpo, dejándose hipnotizar por los juegos de luces. "Es un arte que se propuso ser para todo el mundo, y quisimos que la muestra lo fuera también", dice Herrera. Por eso, los textos guía en las paredes son breves, directos y ahorran tecnicismos, y se propone a los visitantes experimentar con ilusiones ópticas.
"¡Basta de mistificaciones!", decía el manifiesto con el que los cinéticos parisinos pidieron la democratización del arte. ¿Volverían a sostenerlo hoy? Pasen y jueguen.
Ficha. Real/Virtual. Arte cinético argentino en los años sesenta en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473), hasta el 19 de agosto

Menos es más

Subastado por millones, coleccionado por los más renombrados conocedores, el arte cinético sigue gozando del favor internacional de la crítica y el público, e inspirando a artistas contemporáneos. ¿Qué hay del movimiento original en los trazos de cinetismo actual? Según Herrera, "el cinetismo de hoy está basado en la ultimísima tecnología, mientras que los históricos son de una sencillez extrema, que crece en poesía. En aquel momento, era revolucionario instalar esta tecnología en un museo, pero se trata de piezas mecánicas elementales, motores simples. Hoy hay cierto regodeo en el oficio y muchas veces no se pasa de eso".
En efecto, la poesía lumínica de Le Parc responde a lámparas que giran o resortes que se mueven; un espejo cóncavo y algunas luces son el secreto de la obra de Eduardo Giusano y Jorge Schneider, premiada en 1968; pequeñas piezas de vidrio templado dan forma a un objeto mágico en las manos de Ary Brizzi. Menos puede ser más..

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