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jueves, 9 de enero de 2014

RESTAURACIÓN Y REMASTERIZACIÓN


Sergio Rentero, uno de los responsables del rescate digital, señala que la “puesta en valor” no sólo significa un resguardo del archivo, sino también la posibilidad de un nuevo ciclo económico: “Son formas de revisar nuestra historia y recuperar puentes generacionales”.
por Ezequiel Boetti
¿Qué tienen en común Los bañeros más locos del mundo, La Mary, Camila y Tango feroz? Lo primero y más evidente es que las cuatro forman parte del Partenón de los clásicos del cine argentino. En algún caso por popularidad y trascendencia antes que calidad artística, es verdad, pero clásicos al fin. Para lo segundo hay que tener a mano una grilla de próximos estrenos. ¿Estrenos? Perdón, reestrenos debería decirse, ya que todas ellas pasarán, en versión remasterizada, por la cartelera comercial a lo largo del año naciente. ¿Más en común? Tanto la flamante versión de las aventuras marplatenses de Emilio Disi, Berugo Carámbula, Gino Renni y compañía, que se verá desde mañana en todo el país, como las de los romances de la Mary y el Cholo y la joven Camila y el cura Ladislao, tienen la firma de Cinema Gotika, misma compañía especializada en masterización, remasterización y restauración audiovisual que hace un año y medio puso manos a la obra en la reparación de alrededor de 300 films recién ingresados al archivo del canal Incaa TV.
“Buscamos reestrenos que cumplieran con tres criterios: que pudiéramos tener el negativo o interpositivo sano para darle una buena calidad, que estén disponibles los derechos y que en su momento hayan llevado más de un millón de espectadores o tengan una importancia muy fuerte en los años posteriores”, explica a Página/12 el socio fundador Sergio Rentero, antes de justificar la elección de esa comedia orgullosamente anacrónica que es Los bañeros más locos del mundo como nave nodriza de lo que vendrá: “Era una película con la que sabíamos que nos íbamos a divertir. Quisimos hacer lo que hubiera hecho nuestro chico interior hace veinte años”. Claro que la diversión insumió tiempo y dinero, sobre todo si se tiene en cuenta que Gotika reconvirtió el film al 3D. ¿Cómo es, entonces, darle tridimensionalidad a un producto a priori no pensado para ese formato? “Muchas películas hoy se filman en 2D y después se pasan”, observa el empresario, y agrega: “En ese sentido, se hace el mismo trabajo en una película actual que en una hecha hace cincuenta años, con la salvedad de que en el último caso no estaba pensada para eso. Entonces hay que hacer un laburo exhaustivo recortando las distintas figuras, capas y fondos para darle profundidad. Es un trabajo chino”.
–En los últimos años se reestrenaron Top Gun, Volver al futuro, El Padrino, Casablanca y Scarface, entre otros. ¿A qué atribuye esta tendencia?
–No lo veo como una tendencia, sino que para mí es natural. Yo soy casi dramaturgo –estudié en la Escuela Metropolitana de Artes Dramáticas, pero no llegué a recibirme– y en el ámbito teatral es normal ver reposiciones. Si yo ahora digo que mañana dan un Sófocles nadie habla de “tendencia” u “ola” porque lo que se busca es que las nuevas generaciones conozcan a los autores clásicos. En el cine es mucho más caro hacer una remake, pero estamos en un momento en el que la tecnología permite que se genere un puente entre esas películas y las nuevas generaciones. Son formas de revisar nuestra historia y de recuperar esos puentes.
–En una entrevista explicó que remasterizar es “tomar el original y ponerlo en valor”. ¿A qué se refería?
–Hay varias líneas para pensarlo. Yo tengo una visión de negocios del entretenimiento, pero desde una compañía que se dedica a preservar y restaurar. Nosotros firmamos un contrato para una serie de películas entre las que por ejemplo estaba La Mary, que hasta ahora se veía mal en DVD, se pasaba en mala calidad en el Canal Volver y estaba guardada en unas latas que aparecieron detrás de un mueble. Esa misma película va a tener otro valor una vez que la restauremos y la pongamos en cine. ¿Por qué? Porque se va dar en salas y el público puede pagar por ir a verla y venderse a otros mercados internacionales. Eso significa poner en valor: hacer que productos que estaban dormidos se revaloricen como obra y también como producto comercial.
–Usted habla de una copia de La Mary guardada en una “lata oxidada”. ¿Eso representa el estado de preservación general del cine argentino? ¿Cómo catalogaría la situación actual en ese aspecto?
–Hay cuatro o cinco productores que conservan su material, pero el resto no. Acá no está la figura de un productor tomando dimensión de lo que puede pasar a futuro con una película. Además, tampoco existe la figura de las majors; no están Fox, Warner o Universal velando por un producto que saben que en algún momento van a poner de nuevo en valor. Un caso paradigmático es Star Wars, con las ediciones extendidas y los DVD y BluRay remasterizados. Recién en los últimos cinco años se empezó a crear una conciencia respecto de la preservación gracias a Incaa TV y las películas que cedió el grupo Turner, por ejemplo. Pero en general, y con excepción de esos productores, el estado de conservación es paupérrimo. Bah, nulo.
–¿A qué atribuye esa “conciencia” creada en los últimos cinco años?
–Me parece que es una extensión de un momento histórico en el que podemos sentarnos a revisar. Tenemos una democracia muy joven y tuvo que pasar un tiempo para que podamos hacer que la memoria vaya un poco más para atrás. Cuando hacemos eso nos damos cuenta de que tenemos cosas muy grossas. Estaría bueno que si nos vamos a rearmar y pensar al cine como industria revisemos lo que hacíamos hace 20, 30 o 50 años. Además está el factor tecnológico. Siempre los cambios históricos están ayudados por una necesidad, una decisión y una herramienta. Hace quince años hubiera sido casi imposible y extremadamente costoso.
–Muchos expertos en el área de preservación miran de reojo el almacenamiento “digital” por una potencial incompatibilidad de soportes. ¿Siempre es mejor que exista una copia analógica o alcanza con lo digital?

–A mí me parece ridículo polarizar la preservación. Al menos en nuestro caso, nos dedicamos a las dos cosas; por mi edad fui uno de los últimos en trabajar con moviola y de los primeros en trabajar en lo digital. Hay que tratar de someter al material fílmico a la menor cantidad de estrés, tocarlo y moverlo lo menos posible, preservarlo y a su vez hacer una copia digital para más seguridad. Cuando uno toma el negativo y lo convierte a digital, después puede volver a crear un negativo y darse el lujo de hacer la cantidad de réplicas que uno quiera. Si el negativo físico se incendia y no hay copia, se pierde. Nuestra idea es preservar el negativo, hacer copias digitales y que las películas pasen a ser del público. Si uno hace una preservación analógica y la proyecta dos semanas en un cine, no existe: la obra debe ser de los espectadores. Ellos tienen que poder ir al cine, después comprarse el DVD y verla en HD en Internet porque para eso se hizo una película, para ser vista. Y todo eso se hace muy tranquilo porque hay copias digitales.

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