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jueves, 6 de febrero de 2014

FESTIVAL DE BERLÍN

Uno con su ópera prima, Historia del miedo, la otra con su tercer film, La tercera orilla, integran la sección oficial del prestigioso certamen de cine. Es la primera vez que dos películas argentinas pueden aspirar a un Oso de Oro.

Fue un viernes. Abrió el correo electrónico y entre noticias de conocidos y algún que otro spam entró el email soñado. El que le anunciaba a Benjamín Naishtat, que su ópera prima Historia del miedo estaba en la Competencia Oficial de Berlín. "Sabía que estaba en la sección paralela pero esto no lo esperaba, fue una sorpresa", repite el joven. A su lado, en la sala semivacía del auditorio del INCAA, está Celina Murga, más experimentada en esto de los festivales. Y él aprovecha para bromear: "A ella la llamaron por teléfono." Ambos sonríen. Y es que a menos de una semana de preparar las valijas para participar de la 64ª edición del Festival de Berlín, poco los perturba. Por primera vez en la historia del prestigioso encuentro –que arranca hoy– dos films argentinos, el de Naishtat y La tercera orilla de Murga, compiten por el Oso de Oro. 
Celina participó de la sección Fórum de la Berlinale hace dos años, con el documental Escuela normal, y ganó la mención especial del Premio Caligari. Cuenta que lo que más le gusta de este encuentro es que todos los programadores de todas las secciones ven las películas y deciden cuáles seleccionar y para qué sección. Es un trabajo arduo pero de suma responsabilidad. 
"Es importante llegar a un festival y, lo que pasa generalmente, es que allí ven la película y te invitan a otros", revela Murga, a esta altura, junto a Naishtat, en el frío invierno alemán. 

–¿Cuál es la génesis de las historias que cuentan en sus respectivas películas?

CM: –Vengo trabajando en mis últimas películas en el universo de los niños/jóvenes/adolescentes. Como me enfoco mucho en los personajes femeninos, esta vez quería trabajar con un adolescente varón, y la relación con su padre. Hice un primer tratamiento sola y después empecé a trabajar con Gabriel Medina, director y guionista, y entre los dos desarrollamos el guión completo.
BN: –El proceso creativo de mi película duró cinco años, así que los puntos de partida para la historia son varios. Recuerdo una vez que estaba en una obra social y tenía que autorizar algo para un familiar mío y discutía con un alguien de ahí. Esa situación me hizo consciente que detrás de todo eso estaba la salud de alguien. La película no tiene nada que ver con eso, pero fue un punto de partida para querer escribir sobre ciertas situaciones que representan los bordes de la sociedad y la violencia que hay al atravesarlos. La historia es otra cosa: un thriller más bien experimental, con material de archivo… 
–¿Y el género? ¿Supiste desde el principio cual iba a ser el tono de la película?
BN: –Rápidamente me empecé a meter dentro de un género, que es un sistema establecido dentro del cine, una herramienta para tener una estructura dramática. Dentro de eso, metí otras cosas, mas sociales y políticas, pero la estructura concreta es de un thriller de terror. Pero sí, el género es una herramienta de escritura desde el principio.
–En tu caso, Celina, ¿cómo te llevás con el cine de género y el cine experimental? ¿Cómo balanceás?
CM: –En general trabajo con una estructura pero no necesariamente con las más clásicas. En esta película quise centrarme en narrar una historia, sentía que el guión lo necesitaba. Busqué crear una tensión que era mayor en relación con lo que hice anteriormente, que era más de observación. A mí personalmente me interesan los bordes entre lo que es documental y ficción, siempre le doy vueltas a eso. El diálogo entre esas dos formas del cine. Me interesa trabajar en escenarios reales, con personajes que no necesariamente sean actores. Algo de esas decisiones tienen que ver con un interés por perseguir cierto registro real que se genera con los elementos que uno usa. Si bien es ficción, trato de mezclarlo con lo verdadero.
–De todas las instancias que lleva hacer una película. ¿Cuáles son las que más les gustan y las que menos le interesan?
CM: –Es importante que haya una mirada conductora, que se logra estando en cada instancia. Pero al mismo tiempo, me parece muy valiosa, por ejemplo, la participación del montajista, que justamente tiene otra visión por no estar contaminado con el hecho de estar en todo. Los rodajes son etapas muy intensas, y a veces uno está ligado a cosas que por ahí no tienen mucho que ver con la película.
BN: –Hay escenas del guión que te parecen buenísimas y tal vez el montajista te dice que no funcionan…
CM: –Es que uno tiene algo en la cabeza y es muy difícil ser objetivo. Truffaut siempre decía que hay que "filmar contra el guión y montar contra el rodaje", que es genial: se trata de reformular y redescubrir la idea en cada instancia. Por eso me encanta el montaje, porque aparecen cosas que antes no se habían pensado y pueden ser muy positivas para la película. 
–Como a Woody Allen en La mirada de los otros… ¡El montaje le cambia toda la película! ¿Ustedes como se llevan con la mirada del otro en el set?
BN: –Una de las cosas más lindas que hay es trabajar con alguien en quien uno confía plenamente y poder apoyarse en eso. El cine es colectivo, todos aportan. Se fijan mucho en los directores, pero hay mucha gente dentro de una película que incide sobre la idea. 
CM: –Por ahí el director es quien se pone al hombro la película pero lo mejor que te puede pasar es que todas las personas estén creativamente aportando. El director atraviesa todas las instancias y es quien de alguna manera tiene la responsabilidad de lograr que la idea trascienda. El que da la cara (risas).
–Más allá del estreno en Berlín, ¿cuán importante es la respuesta del público local frente a sus obras?
BN: –Es muy importante, después de todo la película es para ellos. 
CM: –Además son los mundos de los que uno está hablando ¿no?. Recuerdo cuando estrené Ana y los otros (2003) en Paraná, ¡estaba mucho más nerviosa que en Venecia! Sentía que hablaba de ellos, que era sobre la ciudad y su gente. Si bien todas las películas tienen elementos universales y uno espera que un público variado pueda sentirse conmovido por esos personajes, hay algo del lugar donde uno vive que uno quiere conquistar, ¿no?
–¿Sienten que se está viendo más cine argentino o el buen momento es sólo para unos pocos?
BN: –Es un buen momento, igual sigue habiendo una porción chica de la taquilla para la cantidad y la diversidad que hay. Tendría que haber una mayor respuesta, no sé cuáles son las causas la verdad… Para eso está la difusión y los festivales, ¿no?
CM: –Nosotros estrenamos el 27 de febrero. Esperemos que con el envión Berlín, nos vaya bien a todos. «


todas las películas de la competencia oficial
 Bai Yan Huo Ri (Negro carbón, Thin Ice) República Popular de China, de Yinan Diao.
 Adolescencia EE UU, de Richard Linklater.
 Chiisai Ouchi (La casita) Japón, de Yoji Yamada.
 Historia del miedo Argentina / Uruguay / Alemania / Francia, de Benjamin Naishtat.
 Jack Alemania, de Edward Berger.
 Kraftidioten (En orden de las desapariciones) Noruega, de Hans Petter Moland.
 Kreuzweg (Vía crucis) Alemania, de Dietrich Brüggemann.
 La belle et la bête (La Bella y la Bestia) Francia / Alemania, de Christophe Gans. (Fuera de Concurso).
 La Tercera Orilla Argentina / Alemania / Países Bajos, de Celina Murga.
 La voie de l’ennemi (Dos hombres en la ciudad) Francia / Argelia / EE.UU. / Bélgica, de Rachid Bouchareb.
 Macondo Austria, de Sudabeh Mortezai.
 Praia do Futuro Brasil / Alemania de Karim Aïnouz. 
 Tui Na (Masaje Ciegos) República Popular de China / Francia, de Ye Lou.
 Wu Ren Qu (Tierra de nadie) República Popular de China, de Hao Ning 
  Zwischen Welten (Mundos Inbetween) Alemania, de Feo Aladag.


"scorsese es muy generoso, me trataba como a un par"
Celina Murga obtuvo en el año 2009 la beca Rolex, para mentores y discípulos. Y en esa experiencia tuvo de mentor nada menos que al cineasta Martin Scorsese, con quien trabajó durante un año en el guión y la preproducción de La tercera orilla, que finalmente contó con la producción ejecutiva del creador de Toro Salvaje.

–¿De lo que aprendiste en esa experiencia qué vas a seguir aplicando a tus trabajos futuros?
–Es algo bien concreto, estuvo bueno verlo trabajar, desde cuestiones técnicas, específicas a decisiones de cómo poner la cámara para generar estabilidad de tensión. Es difícil decir exactamente qué es lo que se aprendió, fue más una experiencia de vida. Al ser el mío un guión tan apoyado en la relación padre-hijo, tener una mirada masculina estuvo genial. Me interesaba su mirada, más allá de porque es un genio del cine, porque me parece alucinante cómo logra que uno como espectador se involucre en personajes muy oscuros, cuestionables socialmente… que la gente sin embargo los banca cuando ve la película. Cuando fue lo de la beca él estaba en el rodaje de La isla siniestra. Yo iba, me sentaba al lado de él y veía como trabajaba. Ahí también confirmé lo increíble que es Di Caprio… Scorsese es muy generoso y muy atento, y verdaderamente me trataba como una directora, como un par, siempre tratando de enfocarme en mi manera de hacer cine, no en adaptar la suya en mí ni imponiendo nada. Hubo un ida y vuelta muy fluido, mucha apertura. Genera mucha confianza.
–¿Cómo acordaron que él sea el productor ejecutivo de tu película?
–El productor ejecutivo en Estados Unidos es un rol bastante distinto al de acá. Tiene más que ver con alguien que facilita o ayuda a encontrar los fondos. Por un lado, me contactó con un montón de gente y escribió unas cartas sobre el inicio del proyecto de la película, y fue como una llave que nos permitió movernos, hablar con gente y encontrar la manera de financiarla. Y obviamente el "Scorsese Presenta" (risas)…
 

entre el mandato familiar 
y sus propios deseos

La tercera orilla, de Celina Murga, narra la historia de Nicolás (Alián Devetac), un joven de 17 años, quien vive con su madre y sus hermanos menores en una pequeña ciudad de Entre Ríos. Su padre, Jorge (Daniel Veronese), un respetado médico del lugar, decidió que Nicolás sea su sucesor, tanto en su actividad como médico como en sus negocios en el campo. Nicolás le obedece, pero al mismo tiempo, lo odia. A medida que las tensiones entre el padre y el hijo aparecen, Nicolás se da cuenta de que debe tomar una decisión y hacerse cargo de su propio futuro.

un barrio acechado por
por gentes extrañas

Historia del miedo, de Benjamín Nashtat, cuenta como Christian pasa sus días ocupándose de los jardines y canchas de fútbol de un barrio privado. Rodeados por un entorno pobre y caótico, muchos de los habitantes del Barrio viven en una suerte de reclusión. Christian, en cambio, vive cerca de allí, y conoce bien los dos mundos, el 'seguro' y el 'salvaje'. En el Barrio se empieza a sentir cierto temor cuando se comprueba que una gente extraña empieza a instalarse en unas tierras aledañas en desuso. Alguien sugiere que el Barrio pudo ser invadido. Intentan guardar la calma, pero es evidente que el miedo los infecta.

fuente: Tiempo Argentino

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