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martes, 29 de abril de 2014

PETER GREENAWAY


–¿Cuán seguido va al cine?
–Nunca. Es muy aburrido.
Así provoca Peter Greenaway, el galés que lleva más de tres décadas haciendo películas sobre el erotismo y la muerte, los temas que lo desvelan.
El director de El vientre del arquitecto (1987), El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989), Zoo (1985) y La tempestad (1991), entre otras, vino a Venecia para hablar sobre literatura y cine. Lo hizo durante la séptima edición de Incroci di Civilità (Cruces de Civilidad), un festival internacional de literatura organizado por la Università Ca' Foscari, la Fondazione Venezia y el municipio de la ciudad del que participaron veintidós escritores e intelectuales de diecisiete países.
Aquí, filoso, Greenaway sentencia: "El cine está muriendo. En sus ciento veinte años se ha desarrollado increíblemente poco."
–¿Lo dice porque cree que el cine no puede captar la imaginación?
–Vengo de México donde hicimos una película –que en Europa se estrenará en septiembre– sobre Sérgei Eisenstein (el director ruso que en 1925 filmó El acorazado Potemkin y la inconclusa ¡Que viva México!) y hablamos mucho sobre realismo mágico, esa corriente literaria de los años 60 y 70. ? Es muy difícil hacer cine sobre el realismo mágico porque es demasiado literario y se apoya en la imaginación literaria para su efecto. Hay varios filmes sobre obras de García Márquez que son muy malos porque quienes los realizaron nunca comprendieron lo que sucedía. Se quedaron en la superficialidad de tomar lo narrativo. Y no se trata de eso. En este contexto podríamos afirmar que el cine no logra captar la imaginación.
–¿No es una provocación que un cineasta decrete la muerte del cine?
–Yo lo creo de verdad. El cine murió en septiembre de 1983, cuando el control remoto llegó al living de los hogares de todo el mundo. Ir al cine es un fenómeno totalmente pasivo: uno se sienta en la oscuridad y recibe, recibe, recibe. A partir de 1983 la novedad fue que desde el living de su casa la gente podía cambiar de programa. Por eso creo que el cine es un fenómeno pasivo que está muerto. Estamos ante una nueva configuración de la noción de qué significa la relación con la audiencia. La audiencia se convirtió masivamente en alguien activo. Tenemos mucha interferencia de la audiencia hoy.
De un modo menos crudo, más diplomático, el autor del documental Rembrandt's J'Accuse , de 2008, dijo ante la British Academy of Film and Television Arts que lo condecoró en febrero con el BAFTA -el Oscar británico- por su trayectoria: "Todo el mundo está de acuerdo en que el cine está cambiando muy rápido y ser premiado con un BAFTA por tratar de contribuir en ese cambio es un placer, un incentivo y un reconocimiento de que el esfuerzo es valorado", dijo.
–Si el cine está muriendo, ¿para qué sirve obtener un premio BAFTA?
–Te acerca a otros públicos. El pintor inglés David Hockney dijo: "Si eres inglés, alcanzaste tu cumpleaños número 70 y todavía estás en condiciones de hervir un huevo, te condecorarán". Eso. Mis productores me dijeron que fuera a la ceremonia, que acepte el premio, que dijera un discurso breve y que me fuera. Porque podría ser útil para fortalecer mi credibilidad en el banco, si necesito un préstamo. Y podría ser bueno para la distribución de mis películas, que ahora llegan a Corea del Sur, Israel, Australia. Yo quiero que la gente vea mis películas.
–¿Le gusta que lo definan como un cineasta de culto?
–Sí, ¿por qué no? Hay también mucha gente que odia lo que hago.
–¿Odia o no lo entiende?
–Bueno, creo que es una combinación de ambas cosas. Muchas veces los juicios de valor negativos parten de la ignorancia, el desconocimiento o los malos entendidos. Pero no tenemos que preocuparnos porque, como ya le dije, el cine está muriendo.
–¿Y qué va a hacer usted cuando eso suceda?
–Hay muchas otras cosas. Mire, vivimos en la era de las pantallas. Fíjese, vivimos rodeados de pantallas lo que no significa que vivamos rodeados de cine. El cine muere pero las posibilidades del videoarte son muy vitales. Por eso me estoy dedicando tanto a este campo a través de instalaciones en museos, espacios públicos y teatros en diversos continentes.
En sus últimas presentaciones, Greenaway superpone proyecciones de texto escrito y oral, imágenes, sonidos y música. Abre varias ventanas dentro de la misma pantalla, multiplica las pantallas y los puntos de vista. Juega con un hipertexto en el que, en vez de recoger ordenadamente diversos medios de comunicación en un único contenedor, deja el resultado final, sin jerarquía ni predefinición, librado a la mente de cada observador. "La pantalla que se disuelve, el uso de la caligrafía, las variaciones cromáticas. Esta maduración estética es coherente con Greenaway y con su cine neobarroco -dice el crítico cinematográfico Vincenzo Patanè en la presentación del festival veneciano-. El siglo XVII lo atrae mucho, ya a sea por su momento cultural o porque se parece a nuestro tiempo contemporáneo, muy hedonista. El cine de Greenaway no puede ser catalogado. Su cine evidencia cuán arbitrario es cada sistema, cada lenguaje, cada pensamiento humano destinado a perderse en la infinita complejidad del universo." "Somos analfabetos visuales", sube la apuesta Greenaway.
–¿Me lo explica?
–Rembrandt dijo "El hecho de tener ojos no significa que podamos ver". Le pregunto: ¿usted fue a la escuela de arte? ¿A la facultad de arquitectura? ¿Estudió diseño gráfico? Tenemos una civilización basada en el texto. Texto, texto, texto, texto. Mi gran reclamo hacia el cine es que no se basa en la imagen sino que se basa en el texto. Cada una de las películas que usted ha visto en su vida comienza -estoy seguro en un 99,9 por ciento-, con un texto, no con una imagen. Todos nuestros libros sagrados, nuestros manuales de comportamiento, todos nuestros libros acerca del conocimiento y la ética están basados en palabras, palabras, palabras. Gracias a la revolución de Gutenberg, 500 años después, el noventa por ciento del mundo es letrado. Pero ¿cuánto tiempo, cuánta energía espiritual, intelectual, emocional ponemos en examinar de un modo equivalente la imagen? Usted me lo acaba de decir: no estudió arte, no tiene entrenamiento en su formación. ¿Qué diablos sabe usted acerca de las fotos? Usted no sabe nada de fotos.
–¿Cómo se alfabetiza visualmente? Es decir, ¿cómo se enseña a mirar y ver?
–En 1860 Monet decidió, por fin, que la pintura no era una ilustración del texto. Antes de eso, la mayoría de las pinturas era ilustración de textos. El texto viene primero, la imagen viene en segundo lugar. Principalmente por el cristianismo y luego por el mundo antiguo. La mayoría de las pinturas ilustraba lo que alguien había escrito. No es sólo el retrato de Madame De Medici sino que es imagen de la virtud y esa virtud viene de un poema. Puedo acusarla a usted de analfabeta visual pero no es su culpa. El tema es que usted fue muy mal educada. Desde que somos niños aprendemos dolorosamente el alfabeto. Hemos tenido que aprender a hablar. Y aprendemos copiando a nuestros padres. En nuestro sistema educacional, empezamos juntando palabras, construyendo nuestro vocabulario y aun de adultos nunca terminamos de pulir nuestra habilidad porque estamos todo el tiempo practicando. Cuando usted tiene doce años, la maestra dice: "A dejar de lado los crayones, las telas, pongámonos serios. Ahora vienen textos, textos, textos". Ese el modo en el que usted va a pagar la cuenta en el almacén, va a encontrar un marido, va a pagar la hipoteca. No lo hará a través de imágenes sino a través de textos. Y es por eso que digo que la mayoría de la gente es analfabeta visual. Simplemente no gastan la energía, la integridad, el interés, la pasión por la imagen que invierten necesariamente en el texto. Volviendo a su pregunta. Debemos cambiar el sistema educativo. Hoy, que tenemos un mundo basado en lo digital tenemos una oportunidad mejor. Umberto Eco es fan de la revolución digital y ahora cree que con la revolución digital hay una oportunidad de oro de abrir los ojos. Es la oportunidad de que las imágenes reconfiguren cómo podemos reconstruir nuestro sistema de comunicación que, básicamente significa nuestra civilización. Se trata del control de la comunicación, y yo agregaría del control, de la organización y del entendimiento de la comunicación visual.
A los 72, el director de Las maletas de Tulse Luper (2003), que empezó siendo pintor, admite: "Yo quería pintar imágenes en asociación con la música. El cine hace eso. Se podría decir que mi deseo de hacer pinturas con música fue el motivo que me hizo entrar en el cine. Así como Borges no escribía sobre la vida real sino sobre la literatura y construyó libros sobre libros, yo quiero construir imágenes sobre imágenes. Borges fue una gran influencia para toda mi generación. Cada generación crece fascinada por un talento literario. Lo fueron Proust, Kafka, Borges, Kundera".
–Hace un tiempo usted habló de ponerle fin a su vida cuando cumpla 80. ¿Lo sigue pensando?
–Al menos que haga algo valioso antes de los 80, es raro que lo haga después de haberlos cumplido. Soy darwiniano. Tengo cuatro hijos y seis nietos. Cumplí con mi obligación darwiniana. Pasé mi material genético. Lo he hecho hace mucho tiempo. Mi hija más chica tiene 13. Me gustaría estar cerca hasta que ella cumpla 21 y esté en condiciones de procrearse. Creo que la continuidad no está en tener hijos sino en ver cómo los propios hijos tienen hijos. No creo que haya ningún otro motivo por el que valga la pena estar en este mundo que no sea tener sexo. Tener sexo, coger, es un modo vulgar de referirse a la procreación. Todos estamos programados para procrear. Sea usted una cebra, un mono, una mosca o un ser humano. Y sé que mi próxima gran aventura será morir.
–¿A su cine le pesa el paso del tiempo?
–El modo en el que solemos organizar el cine es para mujeres jóvenes. Y desnudas. Helen Mirren dice: "Una se vuelve más interesante a medida que envejece y". Dígame usted, ¿dónde están los papeles para mujeres de 45, 55 y 65 años? Ella está siempre muy ocupada y requerida para filmar. Supongo que Meryl Streep también. Esto me estimula a escribir sobre mujeres. Estoy trabajando en un guión llamado Waiting women (mujeres en espera). No sé cómo se siente usted con la idea de esperar. Yo sostengo que es la condición femenina. Las mujeres esperan a sus amantes, esperan dinero, esperan éxito, esperan que sus sueños se hagan realidad, esperan hijos. Escribí este drama en cinco partes que transcurren en los siglos XVII, XVIII, XIX y XX.
Habla como si tuviera un profundo conocimiento sobre las mujeres.
–Bueno, en realidad ése es un tema en el que uno nunca termina de educarse.

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