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lunes, 8 de febrero de 2016

La muerte y la doncella

(película de 1994, basada en la obra de teatro, pero tan actual para nosotros los Latinoamericanos)
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Película con el sello Polanski basada en la obra del dramaturgo chileno Ariel Dorfman y cuyo nombre se debe a una historia retorcida entorno a “La muerte y la doncella” para cuarteto de cuerda de Franz Schubert. Es una historia dramática y extrema, tanto que se ha escrito incluso una ópera, y se ha convertido en la obra chilena más representada en el mundo. Habla de la venganza y del odio ante un criminal impune. Algo de lo que Polanski desgraciadamente sabe, porque su mujer fue asesinada cuando estaba embarazada por la pandilla de Charles Manson. De modo que el director conoce el tema profundamente.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Una película compleja, que habla sobre un país del que no se dice el nombre (pero que todo el mundo sabe que es Chile, aunque todo se puede extrapolar a cualquier país con pasado dictatorial) en donde un terrible régimen y una transición democrática problemática, han arrasado con muchas personas. Los años han pasado, la dictadura se ha derrocado hace años y ahora el nuevo Gobierno quiere investigar el régimen y enjuiciar por crímenes de guerra a los partícipes. Dentro de estos partícipes están los auténticos verdugos, los escuadrones de la muerte, que torturaban, violaban y mataban a la gente a su antojo.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Paulina (Sigourney Weaver) es una de aquellas víctimas. Participaba en un periódico liberal y fue arrestada y torturada. Eso marcó profundamente su personalidad y sus miedos, pero también sus ganas de venganza. Su marido, Gerardo Escobar, un brillante abogado que seguro se convertirá en futuro Ministro de Justicia, presidirá la Comisión que investigue los crímenes. Esto es duro para ella y representa el choque definitivo entre alguien que defiende la justicia legal y alguien que hace de la venganza justicia.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Una oscura noche muy lluviosa, en la casa del acantilado que tiene el matrimonio, Paulina escucha en las noticias que su marido es el hombre de confianza del Gobierno para presidir la investigación, y se siente dolida porque él no le ha consultado antes de aceptar. Con este rencor en el cuerpo, y aislada en una cabaña en medio de una tormenta, espera a que venga Gerardo para hablar con él, pero este no llega solo, trae consigo a alguien, a un hombre calvo (Ben Kingsley) cuya voz le resulta conocida.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Paulina se esconde, no está de humor para atender a nadie y ese hombre le da mala espina. El desconocido es el Doctor Roberto Miranda, ha recogido a Gerardo, cuyo coche había pinchado en medio de la tormenta. Este le lleva a su casa y se marcha.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Ella sale de su escondrijo, y discute con su marido por lo de la comisión. No considera que vaya a ser justa, cree que todo es una maniobra política y que los culpables se irán sin cargo ni culpa, porque sus amigos del nuevo Gobierno los protegerán.
Se acalora la discusión, incluso se vuelve tierna, cuando de pronto escuchan de nuevo el coche del doctor, que regresa para devolver la rueda que había pinchado el abogado y que habían guardado en su maletero.
Ahora Paulina ve confirmada su mala espina, se vuelve a su cuarto, y escucha por detrás de la puerta. La risa de Roberto, su forma de hablar, la manera de expresarse…era él, el hombre que la torturó hace años. Siempre la tapaban los ojos para que no viera a sus verdugos, pero reconocía su voz. Entonces se desliza sigilosamente mientras los dos hombres charlan en el salón. Sale a la calle y roba el coche del médico, dejándole aislado allí. Gerardo le explica que su mujer no está bien, que está desequilibrada y que le ha robado su coche para marcharse. En realidad los planes de Paulina eran otros, despeñar el auto por el acantilado, regresar a su casa, dar un golpe en la cabeza a su sospechoso, amordazarle e interrogarle.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Su marido le avisa de que todo aquello es una completa locura, un delito muy grave. Se puede estar equivocando, no puede ser que lo reconozca sólo por su voz, tiene que tener más pruebas. Ella está segura, sobre todo después de olerle y tenerle muy cerca, no había duda, era él.
Él por supuesto lo negaba, decía que en la época de la dictadura estaba estudiando en Barcelona, que llamara al hospital y preguntara. Pero Paulina no se fiaba, podría estar mintiendo. Quería matarle, acabar con todo aquello y arrojarle por el mismo lugar donde tiró el coche. El crimen sería perfecto de esa manera.
Una llamada les mete prisa. El Presidente llama a Gerardo y le advierte que están llegando muchas amenazas de muerte y que le enviarían escolta en unas horas. Tenían hasta las 6 de la mañana aproximadamente para arrancarle la confesión antes de que llegaran los policías.
Ante las súplicas del hombre y del marido, acepta un juicio en su casa. Si él confiesa y lo graban en vídeo, dejaría que se marchara. De esa manera estaría segura de que no le mandaría a unos matones, ó acudiría a sus amigos de la policía. Si lo hacía, emitiría el vídeo y se descubriría que es un criminal.
A partir de ahí, en medio de tanta confusión, Paulina cada vez está más segura de la culpabilidad de ese hombre. Él llama al hospital de Barcelona para hablar con la oficina de administración y pedir referencias. Debía preguntar por una tal Elena.
La coartada de Roberto parecía ser cierta, y Elena, en un extraño momento de lucidez, recuerda en la misma llamada a un médico que hace 15 años trabajó allí un verano. Esto no engaña a Paulina, que no se cree nada, sabe que los escuadrones de la muerte habían preparado coartadas para librarse de situaciones como esa.
Le llevan al acantilado para matarle y allí confiesa, mirándola a los ojos, descubriéndose y diciendo que estaba borracho de poder, que su trabajo como médico en los interrogatorios de los escuadrones, le hacía sentir poderoso, atormentando a aquellas jóvenes asustadas y con los ojos tapados, sintió impunidad, y se pasó con ellas.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Paulina tenía lo que quería, su confesión, y finalmente no le mata, sino que se retira con su marido a la cabaña, dejando al criminal solo ante el precipicio, mirando hacia abajo. La venganza no le ha dejado satisfecha, pero sí el ver al doctor humillado y descubierto.
Este es el momento en el que regresamos al principio, a una sala donde cuatro músicos tocan “La muerte y la Doncella” ante un público en el que se encuentran los tres protagonistas de la historia. ¿Él está vivo? ¿Finalmente no se tira por el precipicio? Roberto estaba allí, con su familia, mirando a Paulina entre el público, como reconociéndola. Ella lo ve, y su cara refleja la misma expresión del doctor, como si por un momento estuvieran conectados y vivieran en un mundo imaginario su propia redención.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
¿Es posible que toda aquella venganza fuera fruto de su imaginación? ¿estaban soñando durante el concierto? ¿Sus mentes conectaron y vivieron esa historia? No lo sabremos, eso queda al gusto del espectador, que puede quedarse con el final del acantilado ó con la versión menos convencional.
En cualquier caso la película es una de esas grandes, con mucho fondo, con muchos significados, es posible que tengas que verla más de una vez y cada vez la verás diferente, descubrirás cosas nuevas y teorías nuevas sobre el final.
fuente: cocedero de cine

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